Este viernes 14 de junio inauguramos en La Cámara la exposición de un hombre inefable, Cristóbal Dorta. Pero en nuestra sala no nos gusta hablar de autores si no de su trabajo, y el del autor que nos ocupa es, verdaderamente personal, ajeno a modas y desprovisto de complejos.

Así, nos encontramos la mirada posándose en una grieta que rompe la monotonía de las escuadras del arquitecto; unas luces que dibujan un pubis en un tumulto de sombras; una rama seca, partida, destacándose entre un agua verde por los reflejos de las ramas que se desdeñaron en la toma.

De igual modo que nos muestra el retrato de viaje de Ángela posando, nos encontramos con sus barcos de tinta que hasta él confunde con pesqueros auténticos.

Y del mismo modo que se fija en la húmeda y casi majestuosa nueva cara de Bilbao, pone sus ojos en un banco de piedra solitario en una tarde de indigesto verano.

Así es la obra y difícilmente se puede hablar de ella sin que el que la ha fotografiado quede reflejado en esta reseña. 

 

"Palos de ciego pretende ser un trabajo de búsqueda donde alojar el objetivo de la cámara, una labor que me obliga a buscar con la mirada matices, formas arquitectónicas, texturas, o labores cotidianas en la calle.
SI bien entre las luces y sombras es el espacio donde más cómodo me siento, ya que de alguna manera son mis sombras y luces las que me motivan, en esta exposición, son los colores junto con la luz de la calle los que me llegan a seducir, haciendo que por un momento aparte mi mirada de la búsqueda del yo, y sea el ego, aliado con una mirada curiosa, casi infantil, quienes sean los protagonistas que me llevan a un constante deseo de explorar la imagen.
Las imágenes han sido en mi vida una búsqueda de recursos, a veces la mirada de un rostro, otras, la sonrisa cómplice de un cruce de miradas, las manos maltratadas por un tiempo de trabajo de explotación, o la simple caricia a un bebé.
Como dijo el poeta, no hay que confundir la luna con el dedo que señala la luna. Queda en mi retina la imagen desnuda descolgada de todo pensamiento que desvíe mi atención del objeto, en esencia solo busco ese momento de hacer clic. Como dirían en Japón " sin afán ni espíritu de provecho".
Palos de ciego es también una apertura a nuevas personas que se van incorporando a mi vida, y que indirectamente tienen influencia en el desarrollo de esta incursión en el mundo del color. Ellos sin saberlo han aportado confianza, alegría, y ganas de seguir haciendo clic. Vaya así mi gratitud a cada uno de ellos.
Quiero agradecer especialmente a Miguel Ángel Roldán, por su ayuda en la impresión de estas imágenes, de alguna manera siento que su trabajo de edición forma parte de toda la obra, en la que va dejando ver su buen hacer, forjando, que sea la tinta y el papel quien ponga el aliento de vida a este trabajo, muchas gracias."

Cristóbal Dorta