Ponerle puertas al campo                                  y pretender quedar ilesos

Ponerle puertas al campo y pretender quedar ilesos

Desde mis primeros trabajos a principios de los 90, me he enfrentado de forma recurrente a una serie de temas aparentemente inconexos, pero a los que volvía una y otra vez en diferentes momentos de mi vida y abordándolos a menudo con una inquietante similitud.
Este proyecto podría considerarse el resumen de buena parte de mi trabajo como fotógrafo. Aunque finalmente he elegido piezas recientes que concretan mejor el conjunto de lo que llamo obsesiones, y que son esas ideas en el plano más intelectual, y esas convicciones y creencias que quizás tienen más que ver con intuiciones consolidadas y no desmentidas por el tiempo.
También puedo decir sobre este proyecto que podría funcionar como un contenedor de muchas de mis series, en las que ahora puedo ver que, de forma independiente, se desarrollan pequeños elementos de sentido que aquí se recolocarían para definir una tesis vital. Pero eso es sólo a título informativo, haciendo un ejercicio de autodiagnóstico. En concreto, el proyecto expositivo lo forman fotografías en dos bloques muy definidos.


El primer bloque, ponerle puertas al campo, plantea el marco de trabajo, una reflexión sobre la naturaleza, sobre lo que llamamos naturaleza y cómo nos relacionamos con ella. En concreto sobre la vegetación. Y más en concreto con algunos ejemplos que no pretenden ser estadísticamente representativos sino significativamente elocuentes. Pretendemos dominarla, moldearla, aclimatarla o desdeñarla, dependiendo de intereses o necesidades concretas


El segundo bloque, y pretender quedar ilesos, es el que plantea la tesis. Aquí me fijo en la naturaleza cuando no se siente tan observada, cuando sigue sus propias leyes.
Como tantos otros quise abordar el tema con intención reivindicativa, sensibilizado y escandalizado por la evidencia del cambio climático. Pero si las fotografías querían convertirse en armas arrojadizas contra la cercanía del punto de no retorno, desde ese convencimiento de la demoledora capacidad del ser humano de destruir la vida en la tierra, (labrado desde los 80, entonces con otra amenaza, la nuclear, que hoy parece superada, u olvidada) el proceso creativo escupe una nueva certeza, que sin invalidar lo anterior hace percibir el asunto de una manera sensiblemente diferente. Y éste es el hallazgo: la vida en la tierra no está en absoluto en peligro, es sólo la continuidad de nuestra presencia la que tenemos que cuestionar, y es entonces cuando me encuentro lo que muestro con estupor, la idea de una naturaleza, mi adorada naturaleza, como amenaza.